Anthony Gómez.
 



20 de Mayo del 2018
1:46AM


Heme aquí de nuevo. En este rincón oscuro y solitario, que no hace más que liberar mi imaginación a propulsión. No está demás recordar este pequeño rincón dónde les he comunicado que me verían a menudo. No hace falta que recuerden y atinen a que me he olvidado de nuevo de mi página, lo sé y lo acepto.
La madrugada de hoy, vengo con la mente más despejada que la anterior, siendo oportuno el momento y prometedora la oportunidad de que tenga seguridad que me leen. Tal vez venga hoy, buscando indicios de alguna influencia de lo que he estado leyendo hace unos días.
No es más ni menos que un libro físico. Sí, físico. De esos que puedes abrir con las manos y empezar a leer sin parar, y que en algún determinado momento se te empiezan a cansar las manos y se te vuelven tan pesadas que buscas apoyo en cualquier cosa. De esos que al leerlos, tu mente es obligada a irse a otro lugar y con su imaginación cada detalle que lees empezar a imaginar. Aquellos que al tener consciencia suficiente y no leer atalondradamente, resuelves un puzzle de oraciones escritas con elocuencia dependiendo de qué libro estés leyendo.
Sí, me he topado con eso. Elocuencia que, aunque no quieras, te suele parecer atractiva. Que aunque encuentres trivial, suele ser un puzzle a resolver. Que si me conocieras bien, sabrás y conocerás que me gustan los puzzles. Esos retos que desafían tu mente y tu imaginación con que, al terminar, tal resultado quieras o no, se te hace más fácil un segundo intento. Estos puzzles normalmente se encuentran incrustados en el texto, de forma explícita ocultando, en el fondo, una simple idea, aunque parezca a primera vista, un jeroglifíco. Pero que a diferencia de ellos, están en tu propio idioma.
No se aferren a pensar encontrar estructura alguna en estos ensayos nocturnos. No tienen semejanza alguna con nocturnos musicales, los cuales son compuestos estructuradamente. De esta forma, se rectifica que lo que estás leyendo, es un ensayo. Un texto que el escritor no osa en disfrazar con innecesarias frases, ni con elocuencia, que ya he dicho, oculta implícitamente el mensaje. No más ni menos, frente a frente a las palabras que escribo, encuentro con una suave nostalgia este sentimiento. Este sentir que hace que pienses y necesitas a esa linda voz en cual te refugias cada vez que te desgastas, la consciencia.
A partir de este tema, encontré necesario escribir. No importa de qué, el simple hecho de hacerlo satisface a cualquier individuo que intentáse esta travesía.
Los invito, entonces, a despellejar el alma y ponerla a descubierto, como ropa recién exprimida que alzas y pones a secar. Como ave que recién aprendió a volar. Mantén la mente callada y tu espíritu cerca del espacio temporal. No vayas muy lejos, te quiero escuchar. Pon en resonancia tu cuerpo con tu propia alma, haz el intento y verás.
Que estas palabras sirvan de inspiración y demás para alguna persona que las necesite. Que encuentre refugio en la moral y descanse un momento antes del día decisivo. Sí, no iba a dejar escapar esta oportuna ocasión para que a tí, lector que busca y encuentra, lector que descuartiza las ideas abstractas hasta volverlas etéreas, de hacer consciencia y hacer llamado a tu corazón que, cuál sino, es el que te hace decidir en circunstancias como éstas. Es él, al que debieras escuchar más a menudo. Que mucho tiene que decir de tí, de tu rutina diaria, de tu alimentación, y pensamientos.
Sí, pensamientos. Ideas que, aunque no des demasiada importancia, vienen dar a lugar recuerdos. Recuerdos que marcan de por vida. De decisiones que luego de pensar tanto y ejecutar, te arrepientes de si las demás posibilidades eran mejor camino o peor. De elecciones que, quieras o no, tienes que hacer. Para bien o para mal. El destino les dirá. Mientras ríe a nuestras espaldas, se burla y condena de por vida a todos nosotros de este karma que no se le ve ningún final. Final al que anhelamos con toda esperanza, y marcamos nuestra fe.
No es a quién más, sino al corazón al que deberás escuchar, leer, y hasta descifrar si aún no terminas de conocerte bien. Recuerda que de tu elección nacerá otro mar de posibilidades, por no decir que entrarás en un camino recto y sin vuelta atrás.
Dejando a tu alma en libertad y paz, de haber terminado una elección difícil, de haber ido a tu mente a callar la abstención de no hacer nada, a tu consciencia de pensar que causare daño a alguien, y a tu corazón de sentir seguridad en tí, al menos por ese momento.
Ese momento turbío y lleno de asco que algunos ya le ha dado, que a algunos le da miedo y pesar en tomar el rumbo de este barco con sus propias manos, que a algunos no les da el coraje suficiente de arrancar del árbol del destino concurrente algunos frutos de posibilidad.
Ese momento que no hace nada más ni menos que perturbar nuestras almas y convertirnos en cuerpos vacíos, que si te descuidas y dejas llevar por el momento, cometes algún error. Que si te descuidas y eliges mal, tu consciencia explota de arrepentimiento. Que si no haces nada, dejáses todo en las manos equivocadas. Y dejas el futuro perdido en el abismo eterno.






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